
jueves, 29 de abril de 2010
FIN DE LA CARRERA 14x8000 de Edurne Pasaban o "Esto NO es alpinismo"

miércoles, 28 de abril de 2010
La cima de La Maliciosa (2230m)
martes, 27 de abril de 2010
Tour Mont blanc

viernes, 23 de abril de 2010
La dimensión de Iñaki Ochoa
jueves, 22 de abril de 2010
ENTREVISTA: REINHOLD MESSNER
"Hay que reinventar el alpinismo"
Reinhold Messner (Tirol del Sur, Italia; 1944) apareció a primera hora de la tarde del pasado lunes en la salida de la Terminal 2 del aeropuerto de Barajas entre los distintos ejecutivos que llegan a diario a Madrid. No lucía corbata y su piedra de mar, el colgante que lleva en el cuello y que forma parte de la cultura tibetana, delataba que podía tratarse de un alpinista. También parecía delatarle su poblada barba. Por la noche, más de un centenar de aficionados a la montaña abarrotaron la librería de la revista y editora Desnivel para escuchar a Messner la historia de su vida relatada en el libro autobiográfico Mi vida al límite. Messner revolucionó el alpinismo en los años setenta y ochenta por ser el primer y único hombre que subía al Everest sin oxígeno en solitario y el primero en completar, también sin oxígeno, los 14 ochomiles del planeta. Al día siguiente, voló a París, para continuar promocionando su libro. Entre medias, Messner concedió esta entrevista al diario EL PAÍS.
Pregunta. ¿Cuál ha sido su mayor logro?
Respuesta. Haber sobrevivido.
P. Una vida al límite, como el título de su nuevo libro.
R. Un bello título. Pero es cosa del editor alemán. Está bien. Porque mi vida ha transcurrido realmente al límite.
P. En sus 40 años de alpinismo ha visto morir a gente.
R. Sí. Pero en mi expediciones sólo a tres: a mi hermano Günter, en el Nanga Parbat, en 1970, y al año siguiente, en el Manaslú, a otros dos compañeros de cordada. Fue difícil asimilarlo, especialmente la muerte de mi hermano, un suceso que me retó a seguir viviendo con el doble de energía.
P. ¿Fue entonces cuando decidió ir en solitario a las altas cimas?.
R. Mis desafíos eran demasiado complicados para arriesgar a más personas.
P. ¿Qué cualidades debe tener, según usted, un buen compañero de cordada?
R. Una persona en la que se pueda confiar, que sea entusiasta y fuerte. Lo importante no es la cumbre, sino la vivencia en común.
P. El análisis de ADN de los los restos encontrados en el valle del Diamir, del Nanga Parbat, este verano confirmó que eran de su hermano Günter. Este resultado ha desmentido a los que aseguraron, en 1970, que usted le sacrificó por ambición y le abandonó en la pared del Rupal por la que subieron.
R. Eso no cambia nada. Yo siempre dije la verdad. Günter murió durante el descenso por el valle del Diamir, al pie de la montaña. Nunca lo abandoné. Ahora nadie se ha disculpado. No me importa.
P. ¿Cuál es el principal problema de ir en solitario?
R. Las dificultades técnicas no son mayores que ir en una cordada de dos. Pero el no poder hablar con nadie ni poder compartir el miedo, las dudas, se acaba convirtiendo en una carga psíquica. Parte de mi filosofía es vivir experiencias al límite. Me han servido para conocerme a mí mismo.
P. ¿Ir solo no es un concepto egoísta?
R. Todo el mundo es egoísta. Yo he tratado de ser sincero. He sido criticado por mis aventuras, por mi modo de vivir, por dejar a mis hijos para ir a la montaña... Y cuanto más alto subía aparecían más envidias.
P. ¿Tiene amigos?
R. Pocos. Entre los escaladores, yo soy de los que despierto muchas emociones tanto a favor como en contra.
P. ¿Hay mucho engaño entre los alpinistas?
R. Como en la vida misma. Es imposible controlar con rigor a todas las expediciones del Himalaya. Los alpinistas que engañan no me interesan.
P. En su libro, usted se define como el alma gemela de George Mallory, el legendario alpinista británico que murió en el Everest en 1924 dejando para siempre la incógnita de si fue o no la primera persona en pisar la cumbre.
R. Mallory era el poeta de la montaña no escalada. La historia de Mallory en el Everest no es la historia del Everest en la actualidad. Aquella montaña de los años 20 era más fuerte que la de hoy. Después de que se encontrara su cuerpo, en 1999, supe que ésa era mi historia.
P. ¿Por qué?
R. Porque Mallory fue el primer alpinista en subir al monte Everest, un escalador legendario por sus desafíos. Y, por otra parte, porque mi madre me leyó de pequeño su historia. Mallory también era un pensador.
P. En la historia del alpinismo, ¿lo importante es la ruta de ascenso o la cima?
R. Al inicio del alpinismo, en el periodo de la conquista, el interés era la cima. Luego vino el alpinismo de la dificultad. Fue la época de Walter Bonatti, de Hermann Buhl, los padres del alpinismo moderno. Por último, el de la renuncia: mi filosofía.
P. Renuncia... ¿A qué?
R. Renuncia al oxígeno en los ochomil, al compañero de cordada, a la comunicación, es decir a los teléfonos móviles.
P. ¿En qué etapa está el alpinismo del siglo XXI?
R. En el periodo de los caminos abiertos, con cuerdas fijas desde el campo base hasta la cima. Se paga mucho dinero para alcanzar el premio de la cumbre. Eso no es alpinismo ni nada que se le parezca. Es una industria turística. Alguna gente me pregunta: "¿Quiero escalar el Everest?". Yo les respondo: "Ha escalado usted en Los Alpes?" "No. ¿Es necesario". Ináudito.
P. ¿Se ha perdido la creatividad?
R. Hay que reiventar el alpinismo. Quedan muchos desafíos en el Everest y se deben poner en práctica. Los nuevos alpinistas deben superar a los de mi generación.
P. Un grupo español, cuatro alpinistas catalanes, repitió en 2004 la Magic Line del K-2, vía que bautizó usted y que abrieron unos polacos en 1986. ¿Es el futuro?
R. Hicieron una buena ascensión, pero no es el futuro. El futuro son nuevas paredes en solitario o en dúo. Por ejemplo: el estadounidense Steve House, que este verano ha abierto una nueva ruta en la pared del Rupal, del Nanga Parbat, la más alta del mundo; o el esloveno Tomaz Humar, otro escalador solitario de alta dificultad.
P. Usted ha sido eurodiputado por el grupo de los Verdes entre 1999 y 2004. ¿Cómo se define ideológicamente?.
R. Soy un liberal.
P. ¿Qué piensa del primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi?
R. Nunca he sido amigo de Berlusconi, aunque me propuso fundar un movimiento verde en su partido Forza Italia. Soy un liberal, un verde, pero no de derechas. Aunque uno de mis problemas con el movimiento verde han sido los fundamentalistas. Ignoran cómo funciona el mundo global.
P. ¿Cómo vé el futuro de Europa?
R. Apuesto por la Europa de la regiones. Pero no es factible.
P. ¿Por qué?
R. Si ya es casi imposible que 25 estados se pongan de acuerdo, ¿cómo sería posible poner de acuerdo a 200 regiones?
P. La selección alemana de fútbol le ha propuesto que ayude a motivar a sus jugadores en el Mundial de Alemania.
R. Es un oferta curiosa para un alpinista que no ve fútbol.
POLO SUR de Roald Amundsen y carta de Robert Falcon Scott

Después del verano INTERFOLIO LIBROS publicará en español, (al fin!!!!) POLO SUR de Roald Amundsen... y me acaba de confirmar la Biblioteca Nacional de Noruega que tendremos acceso a sus diarios personales, a sus fotografías (escasas, se le rompió la cámara) y a la carta que escribió a Scott (y éste recogió de la tienda antes de morir en el viaje de vuelta) A mi me da un síncope!!!!!!
domingo, 24 de enero de 2010
Entrevista a EDMUND HILLARY
La entrevista que sigue se realizó durante una visita del alpinista a Torelló. A pesar de su avanzada edad, Hillary recordaba como si hubiera sido ayer la escalada que realizó hace cuarenta años. Pero dejémosle hablar a él...
Antes de la expedición de 1953 habías participado en el reconocimiento de 1951 que dirigió Eric Shipton. Después de formar parte de este pequeño equipo de seis personas ¿te resultó difícil adaptarte a una expedición con una estructura mucho más pesada?
La expedición de 1953 era una expedición grande, pero la componíamos únicamente trece miembros occidentales, de los que en realidad sólo diez eran alpinistas. Este grupo, comparado con expediciones posteriores, es realmente pequeño. Por otra parte, tuvimos a muchos sherpas trabajando con nosotros y también empleamos bastante material. No tuve ningún problema en particular. Me sentía muy fuerte, trabajé mucho explorando el camino en la cascada de hielo, y más tarde en la pared del Lhotse.
Por eso, porque había demasiado trabajo por hacer, no coincidí demasiado con los otros miembros de la expedición. Fue una expedición muy bien organizada y sus miembros formábamos un buen equipo. Todo funcionó, tuvimos suerte con el tiempo en el asalto final y conseguimos la cima.
¿Cómo era Tensing?
Tensing tenía una personalidad muy atractiva, muy agradable. Era muy apuesto, y en su cara había siempre una brillante sonrisa. Trabajar con él resultaba muy placentero. También era un buen alpinista, muy fuerte, con un gran historial. Probablemente, en aquel momento, era el sherpa que más destacaba como escalador. En aquella época los sherpas eran muy buenos como porteadores, pero no tanto como escaladores técnicos. Tensing sí lo era y por tanto fue un buen compañero en la montaña, había intentado ya en siete ocasiones el Everest.
¿Fue su experiencia muy importante para ti?
Pienso que esto no representó ninguna diferencia. Era un buen compañero, escalamos juntos, pero él tampoco me dio ningún tipo de consejo o recomendación. Al principio no utilizamos a Tensing en la parte media de la montaña, pues él estaba muy ocupado organizando a los sherpas para subir las cargas. No fue hasta el final de la expedición cuando coincidimos en la pared del Lhotse y en la parte superior de la montaña.
¿A qué se debió que Tensing fuera tu compañero en esta escalada?
Realmente mi compañero de cordada era el otro miembro neozelandés, Georges Lowe, pero a John Hunt no le gustaba que dos neozelandeses escaláramos juntos, pues nosotros teníamos gran experiencia en hielo y pensó que era mejor que trabajáramos por separado, para de esta manera aprovechar mejor nuestra habilidad tallando peldaños en el hielo. Miré a mi alrededor y vi que Tensing era muy fuerte y activo, comenzamos a ir juntos y realizamos unos horarios muy rápidos subiendo y bajando por la montaña. Como nos compenetrábamos bien, estábamos fuertes y éramos rápidos, de una forma natural, nos convertimos en un equipo.
Después de transportar algunas cargas al Collado Sur, descendimos de la montaña y se repartieron las tareas que habría de hacer cada miembro de la expedición en los próximos días. Y se decidió que el primer equipo alcanzaría la cumbre sur y que el segundo intentaría llegar a la cima. No cabía duda de que Tensing y yo formábamos el equipo más fuerte y rápido. Por eso se nos encomendó la tarea de alcanzar la cima.
¿Qué fue para ti lo más difícil del día de la cima? ¿El conocido desde entonces como Escalón Hillary?
Sabíamos que este "Escalón" estaba allí, porque se podía ver desde lejos. También sabíamos que podía representar un problema. Cuando alcanzamos la base del Escalón aquello parecía muy vertical, y nos encontrábamos un poco cansados en aquel momento. Pero teníamos que superarlo para llegar a la cima. De pronto me di cuenta que en el lado derecho había una cornisa hielo, y que entre ella y la roca había una especie de fisura. Decidí intentarlo por ella, con los crampones sobre el hielo y las manos en la roca. Lo fui superando así, un poco asustado, pues de romperse la cornisa caería por la vertiente del Kangchung. Al superar el Escalón fue cuando, por primera vez, estuve totalmente seguro de que alcanzaríamos la cima.
Hasta aquel momento lo único que tenía claro era que íbamos a intentarlo con todas nuestras fuerzas. Nos quedaba un largo camino pues el "Escalón" se encuentra en mitad de la arista somital que parte de la cumbre sur, y aún no podíamos ver la cima. En aquella época el material no era muy sofisticado y tuvimos que hacer un gran trabajo tallando escalones. En esta tarea yo tenía una gran experiencia pues en Nueva Zelanda había tallado en el hielo muchos escalones. Así que continué tallando, intentando adivinar donde se encontraba la cima. Finalmente superé una gran banda de nieve y pude ver que, delante de nosotros, la arista terminaba y al fondo se veía el gran plató del Tíbet.Miramos a la derecha y vimos una pequeña loma de nieve de unos quince metros, tallé peldaños en ella y me encontré en la cima.
¿Tan importante era esta labor de tallar peldaños en el hielo?
Durante toda la expedición trabajamos muy duro realizando esta tarea pues llevábamos crampones de diez puntas, sin puntas delanteras, y tampoco los piolets estaban muy evolucionados. Ahora hay un material que permite ascender por hielo totalmente vertical, algo que en aquella época no nos era posible. Ascendíamos tallando peldaños, y por ello la escalada era, desde luego, más difícil y más lenta.
¿Hasta qué punto fue importante el oxígeno artificial en esta escalada?
Este fue uno de los mayores problemas a los que nos tuvimos que enfrentar. Realmente era una barrera psicológica. No sabíamos si, aún empleando oxígeno, podríamos alcanzar la cima del Everest. Todos los médicos nos habían dicho que esta cima representaba el límite absoluto en el que una persona podría sobrevivir. Por eso, aún con oxígeno artificial, no sabíamos si nuestro cuerpo lo podría soportar. Pero, mientras ascendía, a pesar de utilizar oxígeno, me sentí fuerte y no me pareció que pudiéramos sufrir una lesión grave. Y cuando por fin nos encontramos en la cima, para tomar fotos, me quité la máscara de oxígeno durante quince o veinte minutos, y no tuve ningún problema.
Lo único que noté, cuando llegó el momento de descender, y me puse de nuevo la máscara, fue que todo parecía brillar mucho más, como si la luz fuera ahora más potente. Obviamente el oxígeno tenía efectos y me hacía ver mejor.
¿Pensaste en aquel momento que sería posible alcanzar la cima del Everest sin oxígeno?
En aquel momento no nos lo planteamos. Pero cuando nos encontramos abajo pensé que sería posible para gente que estuviera muy bien aclimatada, y de hecho así ha sido.
¿Piensas que Mallory e Irvine alcanzaron la cima del Everest?
Nadie lo sabe. Pero hablando con gente como Eric Shipton, quien visitó aquella parte de la montaña en los años treinta, me dijo que él no pensaba que hubieran alcanzado la cumbre. Más tarde encontraron un piolet que no podría haber caído de la cima, aunque desde luego no sabemos si cayó durante el ascenso o descenso. Pienso que nadie sabrá nunca con seguridad qué es lo que realmente pasó.
¿Cambió el Everest tu vida?
No completamente. Durante cuatro años, antes de ascender el Everest, había llevado a cabo todo tipo de aventuras. Y después continué realizándolas. La gran diferencia para mí fue que, debido a la publicidad, a partir de este momento me resultó mucho más fácil conseguir ayuda para todo tipo de proyectos: expediciones a la Antártida y al Himalaya, construcción de escuelas, hospitales... Gran parte del dinero que conseguí para estos proyectos fue gracias a haber alcanzado la cima del Everest en 1953. Por eso, aun habiendo participado en muchas expediciones que disfruté tanto como la del Everest, tengo que reconocer que el haber alcanzando esta cima ha jugado un papel primordial en mi vida.
¿Cómo era John Hunt?
Nunca había oído hablar de él antes de la expedición. Era, como me di cuenta después, un escalador experimentado, un buen organizador, y tenía una personalidad agradable. Era oficial del ejército, pero no se comportó como tal y tampoco nosotros hubiéramos aceptado recibir órdenes pues éramos todos gente muy independiente. Te preguntaba siempre tu opinión, hacia sugerencias y te animaba si habías realizado un buen trabajo. En este sentido pienso que fue un líder excelente. Aunque soy de los que creen que de haberse mantenido a Eric Shipton como jefe de la expedición también hubiéramos alcanzando la cima.
¿A qué se debió el hecho de que Eric Shipton fuera retirado como jefe de la expedición de 1953?
En realidad a Eric Shipton no le gustaban las expediciones grandes. Era un hombre que disfrutaba los viajes de exploración. Por eso, en 1953, cuando se estaba poniendo en marcha toda la organización, ésta iba un poco lenta porque Eric no estaba muy interesado en los preparativos de este viaje tan complicado. Y en Londres, el comité organizador del Alpine Club y de la Royal Geographic Society, se mostraron preocupados por la lentitud con la que se desarrollaba todo. Por eso decidieron sustituir a Eric Shipton. Le dijeron que iban a poner a otra persona como jefe de expedición.
Este nuevo jefe era John Hunt del que ninguno, él tampoco, habíamos oído hablar antes. Pero la forma en que se hizo no fue muy correcta, por eso, aquellos de nosotros que sentíamos un gran respeto por Eric Shipton no nos sentimos muy contentos. Pero fue algo en lo que John Hunt dio la talla. Cuando me encontré con él en Katmandú, mi sentimiento era: "bueno... vamos a ver cómo es este hombre del que nunca he oído hablar antes, que para colmo es oficial de la armada, un tipo de gente que no me gusta mucho..."
Al vernos por primera vez en Katmandú él vino a mi encuentro, me estrechó fuertemente la mano y me dijo: "he estado esperando, durante mucho tiempo, la oportunidad de conocerte." Entonces pensé: "quizás sea una buena persona". John Hunt sabía muy bien cómo tratar a la gente y me habló de una forma que me conquistó.
¿Qué sentiste al enterarte que, el año pasado, el mismo día alcanzaron la cima del Everest más de treinta personas?
Pensé que las cosas habían cambiado y no para mejorar, pues no resulta agradable coincidir con mucha gente en la misma montaña. Me sentí contento de haber vivido una época en la que tomábamos las decisiones por nosotros mismos, de esta manera nos enfrentábamos a los problemas y teníamos que luchar por la cima. Ahora muchas expediciones siguen, simplemente, las huellas de otra gente. Hay muchas cuerdas fijas, escaleras, trazas, y los alpinistas van unos detrás de otros, como si fueran turistas.
Para nosotros la solución de todos los problemas que nos planteaba la montaña estaba en nosotros. Por eso pienso que encontrábamos una gran satisfacción en solucionarlos.
¿Qué piensas de las expediciones comerciales?
No me gustan en absoluto. En ellas, si estás fuerte y tienes dinero (casi tres millones de pesetas) puedes ser "llevado" a la cima.
Después del Everest te convertiste, de alguna manera, en un profesional de la escalada y la exploración...
Sí, pero no trabajaba llevando a otras personas sino dirigiendo a mi equipo de alpinistas, quienes tenían una gran experiencia en escalada y exploración. Era simplemente el jefe y organizador de estas expediciones.
¿Cuál ha sido tu escalada más difícil en el Himalaya?
Me resulta difícil contestar esta pregunta. Cada montaña representa un reto distinto, lo importante es tener la suficiente experiencia y conocimientos para ser capaz de reaccionar correctamente si te encuentras en una situación difícil o peligrosa. Por ejemplo, Reinhold Messner es muy bueno. El tiene una gran habilidad como alpinista pero también parece haber sabido siempre cuándo tenía que abandonar. Por eso Reinhold Messner sigue vivo cuando de otra manera, quizás, estaría muerto.
¿Estás contento de haber vivido una época en la que había mucho por explorar?
Pienso que, en cierto sentido, tuvimos mucha suerte con el periodo que vivimos. Cuando fuimos por primera vez al Himalaya Indio, en 1951, mirábamos a nuestro alrededor y había docenas, quizás cientos, de montañas que nadie había escalado jamás. Nos levantábamos por la mañana, contemplábamos una montaña de siete mil metros que nos parecía bella y pensábamos: "Mañana intentaremos escalarla". De esta forma escalamos seis montañas vírgenes de entre siete y siete mil quinientos metros, algo que hoy en día prácticamente resulta imposible. Por eso pienso que fue una suerte vivir aquella época.
Lo mismo pasaba en la Antártida. Fuimos en tractores hasta el Polo Sur, y recorrimos glaciares y platós en los que nadie antes había estado. Incluso ahora en la Antártida es difícil visitar zonas vírgenes.
¿Qué piensas respecto a la situación en la que se encuentra el Himalaya hoy?
Aquello es un paraíso al que han ido demasiadas expediciones, muchas de las cuales han abandonado tras de sí gran cantidad de basura. Esta se amontona incluso en el Collado Sur. El Everest es el mayor basurero del mundo. Pienso que todos los montañeros deben aceptar la responsabilidad de que esto no puede continuar así. Cada expedición tiene el compromiso de traerse de la montaña todo lo que ha llevado, e incluso lo que puedan de lo que han dejado otras personas.
¿A qué se debe tu interés en ayudar a los sherpas?
Mis padres fueron gente muy respetuosa que creían firmemente que teníamos una gran responsabilidad con la gente de otros países, especialmente con los del Tercer Mundo. Me eduqué con esta actitud. Pasé largas temporadas en poblados sherpas donde me di cuenta de que los niños no recibían ningún tipo de educación, de que tampoco había ningún tipo de asistencia médica, y muchas otras cosas de este estilo. Decidí que debía intentar ayudarles. Hablé con los sherpas y les pregunté si podía hacer algo por ellos. Y se mostraron de acuerdo en que necesitaban una escuela.
En 1961 reunimos el dinero necesario para construir la primera escuela de la zona. La gente comenzó a viajar durante días desde otras aldeas para decir que ellos también necesitaban ayuda. Hasta ahora hemos construido 25 escuelas, dos clínicas, dos hospitales, muchos puentes...
Quizás esto haya sido lo más importante de tu vida...
Cuando miro atrás me doy cuenta de que he disfrutado la aventura, he disfrutado el miedo que he pasado en muchas ocasiones... pero cuando intento analizar qué ha sido lo más trascendente de mi vida, tengo que reconocer que fue el ayudar a la gente de la montaña a que tengan escuelas, centros de salud, incluso el hecho de recaudar fondos para que pudieran reconstruir sus monasterios.
¿Piensas que debiera haber más restricciones a las expediciones en determinadas zonas para impedir su masificación?
Estoy firmemente convencido de ello. También lo está el gobierno nepalí, quien ya ha anunciado que va a restringir el número de expediciones. Cuando estuve en el glaciar del Khumbu hace unos meses, había catorce expediciones en el campo base, para mí esto resulta totalmente ridículo pues supone hablar de cientos de personas. Por eso pienso que es importante que el gobierno nepalí limite el número de expediciones que puede haber en una montaña. Pero también menos expediciones significa menos dinero para los sherpas... Sólo unos pocos sherpas participan en las expediciones. La mayoría de ellos viven del trekking y del turismo.
Ahora mismo hay tanto trabajo para los sherpas que no dan abasto. Pienso que hay que controlar un poco también el trekking y el turismo, pero no debe limitarse de la misma manera que las expediciones pues éste es más importante ahora para los sherpas.
¿Piensas que todavía hay en el mundo lugares que explorar?
Los exploradores modernos buscan y encuentran otros retos. Por otra parte, los alpinistas cuentan ahora con un equipo y material más sofisticado, con el que pueden realizar escaladas mucho más difíciles, que a nosotros -hace cuarenta años- nos hubieran sido imposibles. Por eso pienso que ahora mismo hay retos tan importantes como los que había para nosotros hace muchos años. Pero ahora el reto es más deportivo. El alpinismo se ha convertido en un deporte más competitivo, pero la escalada de una ruta de gran dificultad sigue constituyendo un gran reto. Pienso que el escalador moderno sigue encontrando grandes motivos de satisfacción en las nuevas rutas que abre.
¿Cómo fue la experiencia que viviste en el Polo Sur?
En muchos aspectos muy parecida a la que se vive en una expedición al Everest. Tienes que luchar con la nieve y el hielo, en grandes cantidades, pero en la Antártida el frío es más intenso, la estancia es también más larga, y siempre teníamos que prestar gran atención cuando conducíamos los vehículos por los platós polares con zonas de grietas. De caer en una con un vehículo de estos eras hombre muerto. En la Antártida tienes que permanecer atento durante meses, mientras que en el Himalaya los riesgos son más inmediatos, está la avalancha, la grieta, la caída en una pendiente vertical...
¿Por qué decidiste ir al Polo Norte en avioneta?
Fue en 1985, tenía 66 años y me ofrecieron la posibilidad de participar en este viaje junto con Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna. No fue una gran aventura en el sentido clásico - pues la verdad es que yo no desempeñaba una labor concreta en ella- pero sí en el tecnológico. Navegar hasta aterrizar en el Polo Norte, esto fue la aventura más importante. Aterrizar en el hielo y caminar por allí muchas millas, fue una gran experiencia. Fue una vivencia interesante aunque fácil para mí. Con ella fui la primera persona en haber estado en la cima del Everest, Polo Norte y Polo Sur.
¿Qué piensas de la relación que mantiene el hombre con el mundo? ¿Está terminando el ser humano con él?
Hemos sido muy poco cuidadosos en lo que respecta a la protección del mundo en que vivimos. He trabajado mucho y me he sentido muy preocupado por los problemas ecológicos. Cada día, lo mismo que mucha gente, me he sentido más preocupado por la ecología. Todos los seres humanos deben aceptar que tienen una responsabilidad para proteger el medio natural, para reparar los graves daños que hemos causado, y para impedir que nada se destruya más de lo que ha sido hasta el momento. Hemos contaminado los océanos, la tierra e incluso el aire. Por eso pienso que la humanidad debe hacer algo ahora para solucionar estos problemas.
¿Qué haces en estos momentos?
Doy muchas conferencias y paso mucho tiempo trabajando para conseguir fondos para los proyectos que tenemos de apoyo a la gente del Himalaya. Trabajo viajando por todo el mundo persuadiendo a la gente para que aporte fondos para continuar con estos proyectos. En 1991 di seis veces la vuelta al mundo. En 1992 viajé algo menos: sólo di cinco veces la vuelta al mundo.
¿Qué mensaje te gustaría transmitir a la gente joven?
A la gente joven le cansa que le hable la gente mayor y les llene de consejos. Pero yo les diría que no es mala idea aprender de los conocimientos que tienen quienes han vivido más. Escuchar lo que han hecho y lo que recomiendan, sus consejos respecto al tiempo, las avalanchas... Que tengan en cuenta aquello con lo que estén de acuerdo a la hora de realizar sus proyectos. Que hagan lo que sientan dentro de sí pero que se aprovechen de la ventaja que les puede suponer contar con la experiencia de generaciones de escaladores. Que no les importe empezar otra vez desde el principio. Que utilicen esta experiencia antes de partir a realizar sus propios retos.
jueves, 11 de junio de 2009
Viajamos a PYRAMIDEN, Svalbard
lunes, 25 de mayo de 2009
Mare Nostrum Europa... en moto

Ver Mare Nostrum en un mapa más grande
martes, 15 de julio de 2008
LOS VIAJES DE JÚPITER de Ted Simon

Viajar en moto es una experiencia completa

Decía Riber M. Pirsig en Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta que viajar en coche es como ver una película, pero viajar en moto es como estar dentro de ella.







